La “Generación Y” abarca a aquellas personas que están ahora entre los 18 y los 33 años, educados en la cultura de la interactividad y de Internet, preparados académicamente, seguros de sí mismos y que nacieron en una época de prosperidad económica.

Debido a su mentalidad digital, fluida y colectiva, están contribuyendo a la manera en la que vamos a trabajar en el futuro. Ellos representan la nueva fuerza de trabajo global y tienen grandes aspiraciones. Saben que la empresa en la que trabajan no será la última y quizás estén utilizando su experiencia laboral actual como un aprendizaje para crear su propia empresa en el futuro.

En cuanto a lo estrictamente laboral, quieren alcanzar resultados concretos y a corto plazo. Necesitan saber por qué y para qué hacen lo que hacen y necesitan constante retroalimentación para sentir que sus esfuerzos están siendo reconocidos. Si no, fácilmente se sienten desmotivados, se aburren y buscan nuevos desafíos. Anhelan un buen clima laboral, un ambiente informal y sobre todo buenos jefes.

Este es uno de los principales motivos por los cuales tienen tanta rotación por distintas empresas. Son rebeldes y contestatarios, pero a su vez son veloces y efectivos en sus tareas. Consideran que el principal beneficio que debe brindarles un trabajo es la capacitación, el desarrollo y la posibilidad de relacionarse con gente que admiren. El trabajo debe ser un aprendizaje práctico, una experiencia enriquecedora, por lo que la presencia de un referente que los guíe y les brinde contención, hará que se sientan valorados y apuesten a quedarse en la Compañía. Tienen una concepción distinta del trabajo a diferencia de generaciones anteriores, prefieren minimizar las reuniones de trabajo y resolverlo por correo-e o por teléfono para terminar más temprano. Son más pragmáticos en cuanto a sus intereses personales. No quieren perder horas de su tiempo viajando a su trabajo o en cursos que consideran innecesarios. Si algo no conviene, si una propuesta laboral interfiere en su libertad y en su vida personal, mejor descartarla.

Respecto a su privacidad, reinterpretan su valor de acuerdo a las herramientas y al mundo que han experimentado. Básicamente “viven en público”, en un mundo que da acceso a una gran cantidad de información a cualquiera que sepa buscarla, y entienden que son lo que comparten, lo que les lleva a preocuparse más de su propia marca personal.

En unos años, cuando la “Generación Y” ocupe posiciones de mando en las empresas, van a modificar la cultura de las mismas. Ya no va a importar tanto el tiempo de permanencia en la oficina y otros aspectos tradicionales de las corporaciones, sino que lo fundamental será la independencia, el poder de decisión y el cumplimiento de objetivos.

Parece pues ser más importante disfrutar del camino, que llegar al destino final. La generación del milenio, también llamados así porque cumplieron la mayoría de edad con el cambio de siglo, son los que traducen perfectamente esta nueva mira. En un tiempo donde el placer determina la dimensión de los logros profesionales, ellos saben, como nadie, reconocer oportunidades.

La economía creativa, las nuevas profesiones, el boom de una actitud emprendedora y la nueva fuerza colectiva están pintando un brillante e inédito escenario.

La pirámide tradicional de las compañías no les sirve a estos jóvenes ansiosos. Ellos se entusiasman por trabajar con otras generaciones, pero desde una base de igualdad y de mutuo respeto. Encuentran su fortaleza en descubrir las cosas por ellos mismos. Es natural para ellos diversificar los canales de información y buscar fuentes informales de información. Movilidad, espacios de trabajo compartidos, trabajar desde casa y la posibilidad de administrar sus propios horarios.

La “Generación Y” están fascinados por involucrarse en proyectos de emprendedurismo y encuentran motivación al adquirir nuevas habilidades. Se entusiasman por un mundo abierto donde probar e intervenir en algo inacabado, es la única manera de crear algo nuevo. Necesitan, más que nunca, sentirse autónomos y les encanta el desafío de colaborar y crear colectivamente. Ellos pueden cambiar de dirección con rapidez y desapego.

Se trata de vivir mejor el presente, sin la ilusión de que el futuro pueda ser controlado. Esto por una simple razón: quienes se adaptan mejor, pueden evolucionar con los cambios.

Como puedes ver flexibilidad es el camino a seguir.

¡Descubre tu propósito en la vida y conviértelo en tu realidad!

Amar tu trabajo te pone en movimiento. Es la única manera de vivir una vida plena todos los días.

 

Vicente Canet

Consultor de Empleo de Fundación Equipo Humano