Aunque por ahora a muchos tan solo les pueda parecer un anglicismo más (que lo es) a falta de un equivalente que sea aceptado como traducción al castellano, deberemos acostumbrarnos a oír hablar de la “employer branding”. En la época de las marcas personales, la gestión de personas ha adoptado este concepto, entreviendo el potencial que tiene para una organización llegar a crear entre sus trabajadores un sentimiento de pertenencia arraigado y sólido.

La “Employer Brand” se puede entender como la marca que, como empleador, desarrolla una organización de cara a sus trabajadores. Al igual que el sentimiento de pertenencia nos une a un equipo, una comunidad o una asociación, fortaleciendo los vínculos comunes y haciendo que nuestras actitudes y comportamientos se vean influidos por ese sentimiento de orgullo colectivo, la “employer branding” consiste en crear un sentimiento positivo hacia la empresa entre nuestros colaboradores.

Evidentemente, la construcción de esta imagen no surge de forma espontánea, sino que se crea a lo largo del tiempo a través de múltiples factores que son percibidos como importantes por el empleado. Así, adoptar el punto de vista del colaborador resulta básico para que nuestros trabajadores perciban a la empresa como un lugar del que sentirse orgulloso en el que trabajar.

El desarrollo de una estrategia de “employer branding” debe partir de un análisis previo que nos permita conocer cómo ven nuestros colaboradores a la empresa, formulando a partir de esta información una serie de estrategias de mejora que contribuyan no solo a mejorar la imagen, sino a hacer de esta algo atractivo y auténtico para el empleado.

Precisamente lograr la autenticidad de este mensaje es el mayor reto de la “employer branding”: desarrollar una marca que responda a la verdadera filosofía de la empresa y evitar iniciativas que sólo pretendan un lavado de cara ante los trabajadores. En el libro “No Logo”, la canadiense Naomi Klein ya nos advertía del poder de las marcas y cómo estas podían llegar a jugar en contra de la propia empresa. Las mismas ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías y la comunicación 2.0 pueden transformarse en canal de comunicación de empleados insatisfechos o, peor aún, defraudados con su empresa. Al contrario, si el concepto que tienen nuestros empleados de la empresa es positivo, esto se transmitirá no sólo en el propio ambiente laboral, sino mucho más allá, consiguiendo de nuestros trabajadores los mejores embajadores para nuestra empresa.

 

Rafael Delicado

Consultor Equipo Humano