En ocasiones nos preguntamos por qué no tiene éxito la formación que se desarrolla en nuestra empresa, por qué no llegamos a motivar a los asistentes o por qué no se aprecia una traslación de lo aprendido al puesto de trabajo… Y es que muchas veces empezamos la casa por el tejado…

Para identificar las necesidades formativas lo primero que tenemos que tener claro es cuál es el perfil competencial que requiere cada puesto de la organización, esto es, de qué conocimientos, de qué habilidades y de qué aptitudes debe de disponer cada persona en la empresa. Qué competencias tiene que poseer y en qué nivel de cobertura.

Por ejemplo, probablemente no será necesario que el Director Comercial y el Director de Administración de una empresa posean el mismo nivel de “enfoque hacia el cliente”. Aunque ambos deban de aportar cierta solvencia en esta competencia, el puesto de Director Comercial requerirá un nivel superior de cobertura, puesto que la relación y captación de clientes es la función fundamental de su puesto.

Una vez tengamos claro cuál es el perfil competencial de cada puesto realizaremos una evaluación competencial de las personas que ocupan los puestos, comparándola con el perfil requerido.

Lo habitual es que dicha evaluación la realice el superior inmediato de la persona en cuestión, sobre unos parámetros objetivamente establecidos con anterioridad, que ayudan a identificar el grado de cobertura que cada persona tiene sobre cada competencia que se le requiere en su puesto. Pero también podrían realizar la evaluación varias personas, si es que tuvieran una percepción adecuada del perfil competencial que aporta el evaluado. Esta evaluación múltiple enriquecería y matizaría sin duda los resultados.

Posteriormente esta evaluación se consensuará con el propio interesado, llegando a un mutuo acuerdo respecto a las necesidades de mejora de cada persona.

Una vez tenemos identificadas las necesidades de crecimiento competencial, definiremos cómo facilitaremos dicho crecimiento a cada persona. No olvidemos que el crecimiento competencial del equipo humano de la empresa redunda directamente en el aumento de la competitividad de la propia empresa.

Es posible que alguna mejora competencial requiera de determinada actuación muy específica, pero la mayoría de las necesidades se podrán cubrir mediante la realización de acciones formativas, por lo que la evaluación competencial nos habrá facilitado la definición de un Plan de Formación a medida de lo que necesitan las personas para ser mejores profesionales y, en definitiva, de lo que requiere la empresa para ser más competitiva.

 

Enrique Forés

Responsable Área de Consultoría

Equipo Humano