De pequeños nos contaron que en la vida lo más importante para tener un buen futuro y vivir bien era estudiar y esforzarse mucho. Pasaban los años y esa recomendación de nuestros mayores (abuelos, padres, tíos…) se mantenía inmutable “si estudias te irán muy bien las cosas en la vida”. Muchos de nuestros familiares no tuvieron la posibilidad de aprender y veían en la educación el pasaporte a una vida mejor que ellos no tuvieron.

Hoy, echo la vista atrás y pienso que cumplí las expectativas de mis mayores al igual que hicieron la mayor parte de personas de mi generación: estudiar, aprobar, hacer prácticas en empresa, cursar estudios de postgrado y trabajar desde siempre e incluso en varios trabajos a la vez. Entonces ¿qué hemos hecho mal?, ¿por qué las cosas no nos van como esperábamos?

Yo, y gran parte de mi generación, pensaba que si cada uno hacíamos lo que debíamos nunca tendríamos problemas profesionales. Sería sencillo encontrar un trabajo e incluso cambiarlo por otro mejor en un momento determinado. Obviamente me equivoqué. No todo dependía de mí. No todo dependía de nosotros.

Lo peor de esta circunstancia es que en muchas ocasiones nos preguntamos qué hemos hecho mal para no tener la situación profesional que esperábamos (siendo en muchos casos el desempleo). Y nos abruma el sentimiento de culpabilidad.

No hemos provocado esta situación, por lo que racionalmente la culpa no es nuestra. Pero lo que está claro es que depende únicamente de nosotros salir de ella de la manera más airosa posible. Nadie va a venir a ayudarnos. Tenemos que ser mejores, más creativos en las soluciones, con más entrega y dinamismo. Hay que ahuyentar el sentimiento generacional de culpabilidad y empezar a pensar, reflexionar y a actuar de manera creativa.

Ana Ribera

Consultora de Equipo Humano