Enrique Forés, consultor senior de Equipo Humano, en su artículo publicado en el diario Levante EMV, a propósito de la necesidad personal de ser más competente.

No quisiera que este fuera otro artículo escrito en chino, es decir que hablara de conceptos que manejamos habitualmente los consultores y que en demasiadas ocasiones resultan lejanos, cuando no ininteligibles, para los empresarios.

Acercar a la empresa valenciana las mejores prácticas en organización y gestión no debería de pasar por abusar de los anglicismos ni de conceptos abstractos de escaso interés o aplicación para la realidad actual de las empresas en la Comunidad Valenciana.

El empresario y el directivo necesitan propuestas claras que les ayuden a “mantener a flote el barco” y a alcanzar nuevos horizontes; y una de las principales opciones con las que cuentan es conseguir ser mejores profesionales, pero no necesariamente a base de lecciones intensivas en chino…

Darse cuenta de la necesidad de mejorar algún aspecto

Si cada sector tiene sus peculiaridades y cada empresa “es un mundo”, cada empresario es totalmente diferente. Cada uno acumula una experiencia profesional particular y una formación más o menos extensa, por ello, en el momento vital en el que se encuentra ahora mismo, en enero de 2013, posee una valía determinada, pero a buen seguro tendrá también diversos aspectos en los que deberá mejorar.

Ser conscientemente incompetente, esto es, tener conocimiento de la necesidad de mejora en algún aspecto, es el primer paso para estar abierto a la mejora profesional. La buena predisposición es fundamental, pero además hace falta tener claro qué es lo que se desea lograr.

Me estoy refiriendo a muy diversas situaciones profesionales con un punto de partida común: la necesidad de ser más competentes, o sea, aumentar tanto los conocimientos como las habilidades personales. Así encontramos a:

• El directivo de una empresa familiar que se enfrenta a la sucesión en la Dirección de su empresa y que carece de las competencias adecuados en todos los ámbitos que serían necesarios.

• El profesional técnico que necesita evolucionar con los requerimientos del mercado hacia un perfil con polivalencia comercial, pero que desconoce las técnicas de venta y cómo tratar con los clientes.

• La persona emprendedora, al que no le faltan ni la idea de negocio ni el empuje para desarrollarla, pero que no posee los conocimientos requeridos ni la visión para gestionar adecuadamente una empresa.

• El profesional técnico que debe evolucionar sus habilidades hacia un puesto directivo dentro de la empresa, con mayores responsabilidades a su cargo y a las que nunca antes se ha tenido que enfrentar.

• El directivo que necesita ser capaz de ampliar sus capacidades para saber impartir formación adecuadamente o convertirse en “entrenador” de las personas que conforman su equipo de trabajo.

• El técnico comercial que debe desarrollarse como jefe de producto o comodirector de grandes cuentas, asumiendo la dirección de un equipo comercial o la gestión de clientes con un perfil diferente.

• Incluso el funcionario que debe progresar para convertirse en un gestor público no solo con conocimientos de la materia en sí, sino con recursos, habilidades y técnicas que hasta ahora no ha manejado.

El recorrido individualizado a seguir

En definitiva, el profesional se encuentra continuamente ante la necesidad de mejorar sus conocimientos y sus habilidades en mayor o menor medida, pero esa necesidad es tan particular que difícilmente va a coincidir con exactitud con las necesidades personales de otros profesionales. Por ello lo óptimo es identificar los aspectos a mejorar en una persona para que se pueda definir el recorrido que debe de seguir (itinerario individual de entrenamiento) con el objetivo de lograr ser más competente en los diversos ámbitos en que sea necesario (perfil competencial requerido).

Esa debe de ser la meta y también el modelo de formación competencial a desarrollar, donde tanto los consultores (en su posición de impulsores), como los profesionales (en su papel de beneficiarios) debemos hacer un esfuerzo de confluencia. Los primeros para ajustar al máximo las propuestas formativas a las necesidades particulares de cada persona. Los segundos, para ser conscientes de sus aspectos a mejorar y tener voluntad firme de ser más competentes profesionalmente.

Una metodología formativa óptima ha resultado ser la identificación particularizada de los aspectos personales a mejorar y la orientación en la identificación y aplicación de las soluciones. Este método, conocido como coaching, supone que, a partir de una reflexión profunda se van descubriendo las áreas de mejora, definiéndose objetivos y retos que se plasman en un plan de acción. Toda esta actuación debe de ser guiada y tutorizada por la figura de un coach (entrenador), aunque se persigue que los participantes consigan desarrollar completamente sus mejoras competenciales, convertirlas en hábito y mantenerlas, con independencia de la figura del coach.

En definitiva, gracias al crecimiento competencial, tanto profesionales como consultores aportaremos nuestro granito de arena a que el tejido empresarial de la Comunitat tenga mejores profesionales y a que cuenten con una mayor motivación en sus puestos de trabajo, lo que redundará irremediablemente en el aumento de la competitividad y de la productividad de nuestras empresas. Y después de eso, ya habrá tiempo de escribir en chino… o de seguir haciéndolo en román paladino.

 

Enrique Forés

Consultor Senior Equipo Humano