El optimismo es uno de los temas que mayor interés ha despertado entre los investigadores de la psicología positiva.

Puede definirse como una característica de la personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos; optimismo significa tener una fuerte expectativa de que en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones. Optimismo es también el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

Hay estudios que demuestran que las personas con altos niveles de confianza y optimismo obtienen mejores resultados, luego existe un impacto directo del optimismo en los resultados. El optimismo no es ver con mayor o menor exactitud lo que sucede o conocer más o menos en profundidad la realidad, sino que a partir de lo que nos sucede seamos capaces de poner nuestros recursos a disposición de nuestros objetivos. Si tú esperas demasiado del futuro pondrás el peso de tu vida en esa espera y realmente donde el verdadero optimista pone el peso es en sus principales fortalezas para afrontar una determinada circunstancia.

Muchas personas NO conocen sus fortalezas; no estamos habituados a conocerlas y una de las intervenciones de psicología positiva más eficaces y que tienen más impacto en la sensación de bienestar subjetivo es precisamente el conocimiento de las fortalezas humanas. Si en vez de evaluar, hiciésemos un ejercicio anual de detección de fortalezas para ayudar a las personas a conocerse, incrementaríamos el bienestar de las personas; y el impacto en los resultados para la organización también sería evidente.

Según esto, las organizaciones y empresas deberían construir expectativas cada día y generar ilusiones. Para ello deben de creer mucho en lo que tienen, hay que estar muy atentos a las fortalezas, las capacidades y las potencialidades de la organización porque a veces no las conocemos y así podemos seguir creando expectativas. Así pues, los líderes tienen una gran responsabilidad de crear expectativas y construirlas con los recursos de que disponen, pero también tienen la responsabilidad de ayudar a las personas a descubrir sus capacidades y que sean útiles para la organización.

La motivación es una consecuencia de tener claras las metas y las prioridades. Por lo tanto, para motivar a otros o a uno mismo, hay que comenzar por precisar esas metas. En definitiva, sería aconsejable pensar en el optimismo como un músculo que se puede entrenar, desarrollar y fortalecer. Es más bien un acto racional de autoconocimiento, que tiene especial valor cuando afrontamos obstáculos. Al actualizar las metas, el músculo de la motivación responde más rápido y mejor. ¡Entrenémoslo para estar en forma!

Vicente Canet

Consultor Equipo Humano