Modelo Tuckman en el desarrollo de equipos

Pensar, sentir y actuar realmente como un equipo, un todo, más allá de los miembros que lo integran es lo que un equipo de éxito, o de alto rendimiento, es capaz de hacer. Sin embargo este camino al éxito no es fácil y está compuesto por diferentes etapas que pueden o bien reforzar el equipo y a sus integrantes, o bien dañarlo y desvirtuarlo cada vez más.

En este sentido, Tuckman define las 4 etapas a las que un grupo necesita enfrentase además superar con éxito para lograr ser aquello que quiere ser, un equipo de alto rendimiento. Estas etapas se denominan: formación, conflicto, normalización y desempeño y nosotros las vivimos cada día en nuestras formaciones experienciales outdoor training.

Cuando los participantes llegan a la actividad, suelen llegar como un grupo, dispersos, desorientados y en ocasiones preocupados por los retos a los que van a tener que enfrentarse. Se percibe fácilmente como las personas prefieren trabajar dentro del grupo con aquellas que ya conocen y temen exponerse o expresarse en público dentro del equipo.

Es un momento en el que el nivel de confianza en los demás integrantes del equipo es especialmente bajo, por lo que cada uno prefiere actuar de forma individual confiando en sus características propias, dado el desconocimiento de las características de los demás integrantes.

Esta primera etapa llamada formación es la de mayor incertidumbre y desconocimiento hacia qué puede aportarme a mí el equipo, qué puedo aportar yo al equipo y qué necesita de mí el equipo.

Es entonces cuando empiezan los problemas, cuando los participantes tienen que enfrentarse a nuestras dinámicas y cuentan con diferentes puntos de vista y estrategias según sus experiencias pasadas y sus percepciones, en la etapa que se conoce como conflicto.

Es en este momento cuando se emergen los desacuerdos asociados a esa falta de empatía y comunicación, entender a los demás, conocer a los demás, confiar en los demás. Y aunque tendemos naturalmente a ver el conflicto como algo malo, en realidad es una oportunidad.

Y precisamente a esta oportunidad es a la que enfocamos nuestras reflexiones tras las dinámicas, generando un espacio de seguridad y confianza en el que poder abordar todos los problemas desde el respeto y desde la madurez. Con ello demostramos a los participantes que no pasa nada por hablar de los problemas y por exponernos para transmitir cómo la realidad nos afecta individualmente a cada uno de nosotros.

No se trata de que el equipo no tenga problemas, sino que sepa afrontarlos de manera apropiada y no evitarlos, que el equipo sea capaz de tener una comunicación fluida, madura y responsable.

Tras esta situación, los equipos se van enfrentando a una sucesión de dinámicas, todas ellas planteadas para el desarrollo competencial de las características propias de equipos de alto rendimiento. De esta forma se enfrentan a actividades de comunicación, de empatía, de complementariedad, de toma de decisiones o de gestión del conocimiento, entre otras, que nos permiten ver la evolución del equipo y como poco a poco va mejorando su desempeño.

Los integrantes empiezan ya a conocerse y por ende a confiar los unos en los otros siendo las relaciones interpersonales y la comunicación mucho más fluidas. Todos los integrantes son conscientes del objetivo común y ya empiezan a ser capaces de orientarse de forma conjunta para lograrlo en esta etapa llamada normalización.

Superadas ya diversas dinámicas, llegamos a la parte final de nuestra formación outdoor training, donde los propios integrantes son capaces de ver como ya no sólo tienen la capacidad de afrontar los conflictos, sino que no buscan generarlos.

El equipo se transforma en un equipo de alto rendimiento donde los integrantes se sienten motivados y comprometidos siendo conscientes de todo aquello que les une así como de la importancia de ser complementarios. Es la fase de desempeño, en la cooperación, la coordinación y la colaboración conducen al equipo hacia el alto rendimiento.

Y llegamos a este punto, sucede lo más bonito de todo, no solo logran los objetivos, sino que son capaces de ayudarse unos a otros a ser mejores. Porque… ¿quién no quiere ser mejor?

Natalia Juarranz, consultora de Equipo Humano.