Las modas en el vocabulario y en el desempeño empresarial vienen y van. La innovación, la competitividad, la creatividad…, así como muchos otros anglicismos que de la noche a la mañana se quedan en nuestras mentes y poco a poco fluyen a nuestras empresas. Algunos tienen sentido y ayudan a la evolución positiva de las empresas, mientras otros desaparecen rápidamente.

 

De todos ellos, hay un concepto de empresa que propongo desde aquí que sea declarado “especie en peligro de extinción empresarial”. Me refiero a la estrategia. En los últimos años está siendo afectada por dos grandes depredadores: la celeridad impaciente que ha invadido la vida de muchas empresas y las dificultades para conciliar el pensamiento estratégico con la operativa del día a día que poseen muchos directivos.

La estrategia es el elemento transversal que da coherencia a una empresa. Permite diferenciar las empresas de los negocios, alinea e implica a las personas, contribuye a la creación de marcas y al establecimiento de relaciones estables y duraderas de proveedor – cliente. Entre las diferentes competencias que diferencian a un líder de un directivo, es el enfoque y pensamiento estratégico el que más contribuye a dibujar la gruesa frontera que separa ambos roles empresariales.

Siendo por tanto un elemento decisivo y determinante del éxito empresarial, merece ser tratada y cuidada como tal. Empresarios y directivos valientes, de los de verdad, seguid confiando en la estrategia para posicionar vuestra empresa allí dónde queréis que se encuentren. Las “vías rápidas y los atajos” acaban debilitando a las empresas en la gran mayoría de los casos.

Y, ¿cómo ha reaccionado la disciplina estratégica ante sus “depredadores”? Se está haciendo más ágil y más accesible a todas las áreas de la empresa. Incorpora un mayor enfoque a la acción y a la inteligencia competitiva, pero sin perder de vista los elementos tradicionales y relevantes que la componen. También se apoya en nuevas herramientas y técnicas, que son puestas en marcha por equipos heterogéneos.

Yo recomiendo para conocer si uno de los conceptos de moda ha venido para quedarse es aislarlo de la estrategia y ver si tiene sentido. Por ejemplo, la innovación. Innovar por innovar sin un enfoque estratégico no garantiza ningún retorno de la inversión realizada. En esta misma línea, ser creativos porque sí, tiene el riesgo de no ajustarte a tu público objetivo, ofrecer servicios o productos que tus clientes no suman al no encontrarse en un nivel de madurez apropiado para su consumo

Si el tejido empresarial se olvida de la estrategia se dibujaría un escenario de negocios oportunistas y tipo veleta, inconsistente y débil. Nosotros, desde Equipo Humano, trabajamos por conseguir un tejido empresarial afianzado y coherente, con atractivo y potencial, y en el que las personas desarrollan estrategias como elementos clave para su victoria como empresa


Ana Ribera · consultora de Equipo Humano